Este ‘coche’ sería un serio candidato para luchar por el título al peor coche del mundo

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Hoffmann 1951

En la historia del automóvil han ido sonando varios nombres que han sido incluidos en la lista de lo que podrían ser serios candidatos a ocupar el trono del coche más feo del mundo. Este ficticio galardón debería basarse en una mezcla de imagen exterior, seguridad, calidades, potencia, tipo de motorización, etc. Dado que las opiniones de cada persona es el resultado de una subjetividad, este certamen nunca sería reconocido como válido pero aún así, hoy traemos un más que probable vencedor de esta competición imaginaria.

El nombre de este ‘coche’ es Hoffmann, en honor al apellido de su creador. Salió al mercado en el 1951 y como esperarás, no tuvo éxito por lo que el número de unidades disponibles es más que limitado. A simple vista es verdad que no parece contar con numerosos detalles con encanto pero si uno no es muy exigente podrían sacarse algunos adjetivos a su favor como futurista, rompedor, etc. aunque seguro que se terminarían empleando términos como los horroroso, inseguro, inútil, etc.

Visto así, no es que sea un automóvil que ofreciese lo que los consumidores demandasen. Es cierto que lo esencial lo poseía teniendo en cuenta que entraban los años cincuenta pero no cumplía con las necesidades del cliente y por ello, no cuajó.

¿Qué caracteriza realmente al Hoffmann 1951?

Hoffmann 1951

Tristemente, no cuenta con muchas aptitudes en ninguno de los terrenos. Posee bajo un capó un tanto extraño un motor de 200cc que solo es capaz de generar 6,5 CV de potencia. Además, éste transmite muchas vibraciones al habitáculo por lo que hace incomodísima la conducción al propietario. Sea cual sea cualquiera de las tres marcha disponibles engranada, dicho temblor no se eliminará.

Por otro lado, el hecho que únicamente disponga de una rueda trasera y dos delanteras, no lo hace más efectivo ni ayuda a reducir las ‘turbulencias’, es más, podría decirse que lo alimenta. En definitiva,a nivel dinámico, deja mucho que desear y seguramente prefieras tenerlo bajo una sábana antes que ir con él al trabajo todos los días.

A nivel exterior, es un automóvil que no deja a nadie indiferente. Tanto en su diseño frontal como en la parte trasera se ve un resultado de lo más original, dejémoslo ahí. De hecho, podría hasta parecerse al monovolumen que hace un tiempo se habló en Freno Motor, el Stout Scarab, el cual podría considerarse como el ‘padre’ de los vehículos familiares actuales.

1951 Hoffmann lateral

Analizándolo más detalladamente, el cuerpo posee un alto parecido con un ‘huevo’. Pensado para ofrecer un nivel de habitabilidad generoso, se quedó solo en eso, en habitabilidad. Con apertura de puertas al estilo Rolls-Royce hay que unirle una entrada a los asientos de difícil acceso por lo que no es nada práctico si además alguien debe sentarse en la segunda fila.

La calidad de los materiales tampoco contribuyó demasiado a crear un modelo superventas. Así pues, tal y como era de esperar, no tuvo prácticamente aceptación en el mercado. Por este motivo, pese a que se fabricaron muy pocas unidades, su condición de serie limitada no le debería aportar ese plus en una cotización por el simple hecho de que no tiene historia relevante en el sector.

Archivado en Diseños, Exclusividad, Historia
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