Una mujer decide mitigar el calentamiento de su motor echándole agua al aceite

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Cárter vaciando el aceite del motor

Todos sabemos que el agua y el aceite nunca se han llevado bien. Y teniendo esto en cuenta, ¿a quién se le ocurriría echar agua dentro del motor de nuestro coche? Algo tan delicado como la lubricación del motor es un aspecto tan importante como muchos otros, y que en la mayoría de ocasiones se descuida, se ignora o incluso se olvida.

Pero el caso que nos ocupa hoy roza los límites de lo absurdo, y demuestra por qué tener coche no solo se limita a echarle gasolina para que ande. Bien es cierto que es mejor dejar su mantenimiento en manos de un profesional si nosotros no somos unos manitas, pero hay que tener unas mínimas nociones básicas de qué es lo que hay debajo del capó y cuales son los básicos del mantenimiento de un vehículo.

Poner agua, refrigerante —e incluso en caso de emergencia cualquier clase de líquido— a nuestro motor no es nada fuera de lo común. El problema es que no sepamos dónde ponerla. Por que a una mujer en Estados Unidos no se le ocurrió nada mejor que echar agua por el tapón del aceite del motor.

Para como ni se le ocurrió leer lo que pone en el tapón, que en España hasta se lo podríamos perdonar, ¡pero está escrito en inglés! Si hubiera leído esta simple indicación habría sabido que ese no era el agujero por dónde se rellenaba el agua. Y ya no hablamos de mujeres, porque estos niveles de ignorancia también llegan hasta múltiples conductores varones.

No hay que ser un apasionado de los coches para hacer las tareas básicas de mantenimiento de tu coche: revisión de nivel de líquidos, revisar presión de ruedas, estar atento a cuándo tocan los cambios de aceite, filtros, etc. Simplemente hay que ser un poco cuidadoso con lo que tenemos entre manos. Un coche vale mucho dinero como para que maltratarlo de esa manera. Luego estas carencias en el conocimiento de los usuarios erradican en múltiples ocasiones en costosas reparaciones que ascienden a miles de euros.

En este caso, según cuenta el mecánico, el coche no se pudo salvar, el motor se gripó por completo, como era de esperar. Sobretodo porque ni siquiera se fijó en la varilla de medición de aceite, así que llenó hasta que rebosó por la tapa de balancines: 16 litros de líquido, de los cuales 14 eran agua.

Archivado en Aceite, Mecánicos, Mujeres, Talleres
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