Si bebes, no conduzcas, pero tampoco lo hagas si tienes una buena resaca

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Conduciendo con resaca

Si hay un anuncio de mi niñez que recuerdo perfectamente y al que más cariño le tengo era ese en el que Stevie Wonder decía la ya célebre frase de “si bebes, no conduzcas”.

Por entonces ignoraba por completo que el alcohol está presente en nuestras vidas desde que nacemos. Primero en forma de remedio curativo contra esas heridas que tanto nos hacían llorar cuando nos caíamos en el parque y cuyo escozor era tan insoportable que preferías que te amputaran la extremidad, y después en las reuniones familiares o con los amigos de tus padres, donde nunca entendías como era posible que les gustaran esas extrañas bebidas llamadas vino, cerveza o cubata. “Con lo rico que está el refresco de naranja”, pensabas.

Pero te haces mayor y tanto tus amigos como tú comenzáis a practicar eso que llaman “botellón”. Te lo pasas genial mientras no paras de ingerir calimocho, o un cubata a base de un whisky de tan mala calidad que hacía más daño que la cicuta que bebió Sócrates. Que mas da, un cubata es un cubata, además, eres inmune porque en tu hígado hay Rock and Roll y por ese precio no hay que ponerse quisquillosos.

Sin embargo, a la mañana siguiente te levantas con una resaca de mil pares como precio a pagar por una noche de juerga. Sientes como tus piernas apenas te responden, y el más mínimo ruido te produce una jaqueca enorme. Crees que hoy le vas a dar una paliza de infarto a la cama, pero la chica que te gusta te llama por teléfono para salir un rato. Habéis quedado dentro de una hora, pero no pasa nada, te das una ducha fresquita, un cafelito cargado y como nuevo. Te subes al coche y vas en su busca.

Con resaca multiplicas el riesgo de sufrir un accidente

Transportando a un señor dormido

Aparentemente bajo esta historia no hay nada extraño. Es más, hasta hace poco siempre he pensado que no había ningún problema por coger el coche tras un día de juerga. Es cierto que estás cansado y algo fatigado, pero eso es algo que te puede pasar también al salir del trabajo, por poner un ejemplo.

Pues bien, según algunos estudios científicos, parece ser que conducir con resaca puede ser tan peligroso como hacerlo con altos niveles de alcohol en sangre. Los dos estudios a los que me refiero son los realizados por Centro Zaragoza y la Universidad británica de Brunel.

Centro Zaragoza es un Instituto de investigación de vehículos relacionado con 19 entidades aseguradoras de España y Portugal. Según su estudio, defiende que la ingesta de alcohol favorece la deshidratación en el día posterior, de ahí que sea normal tener bastante sed cuando despiertas, produciéndose además la dilatación de los vasos sanguíneos y la pérdida de glucosa en sangre.

Si te pasa como a mí, que de medicina no entiendes un pimiento, no te preocupes, que todos estos síntomas podrían resumirse en una frase: tener sensación de fatiga.

Llegamos aquí al auténtico meollo de la cuestión. Como sabemos, la fatiga al volante es peligrosa porque provoca distracciones, y las distracciones son una de las principales causas de infracciones y accidentes. En este apartado, la Universidad británica de Brunel comparó la conducción en un simulador de diferentes sujetos, primero en condiciones normales y después con resaca.

Los resultados fueron evidentes. Tras haber ingerido alcohol la noche anterior, los conductores sobrepasaban los límites de velocidad cuatro veces más que cuando se encontraban en condiciones normales. Además, las infracciones en intersecciones se duplicaron, y las salidas de carril también se multiplicaron por cuatro.

Conducir, una actividad que requiere máxima concentración

Conduciendo un coche

Como ya he confesado antes, lo desconocía por completo. Es más, jamás se me había pasado por la cabeza que conducir con resaca fuera, según estos estudios, tan peligroso. No se… Hace tiempo que no sufro una resaca como las de antaño, y tampoco recuerdo si cogí, o no, el coche al día siguiente, seguramente sí.

Pero sigo creyendo algo exagerado los resultados de dichos estudios. Tal vez será que mi listón alcohólico está muy bajo y nunca he cogido una borrachera en condiciones, ni tampoco se aclara mucho a que nivel de borrachera fueron sometidos los voluntarios de tales estudios.

Lo que si me preocupa es que los resultados de los mismos, al margen de que subjetivamente se puedan considerar excesivos, son una prueba más de que, después de llevar haciéndolo más de 100 años, todavía ignoramos que conducir debe ser considerada una actividad que requiere estar en unas condiciones tanto físicas como mentales más que aceptables.

Y no puedo evitar preguntarme si cosas tan naturales como el estar más nervioso de la habitual, haberme tomado una simple pastilla para la garganta, o volver a casa después de dos horas de intenso y agotador entrenamiento de fútbol-sala puedan multiplicar por mucho más de lo que imagino las posibilidades de que sufra un accidente mientras conduzco hacía a mi destino. Como para no asustarse…

Archivado en Alcoholemia, Estudios, Seguridad vial
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