Restaura un Ferrari 250 GTE y comete algunos sacrilegios en este clásico

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Ferrari 250 GTE

El Ferrari 250 GTO es, posiblemente, el automóvil más deseado del mundo por cualquier coleccionista de coche. Pese a ello, no es el único modelo que compartía dicho mítico número, puesto que otras siglas como GT, GTE o S también estuvieron en producción durante los años cincuenta y sesenta. El modelo protagonista en el día de hoy es el 250 GTE, del cual se fabricaron unas 1.000 unidades aproximadamente en su corta etapa en la cadena de producción. Cierto es que no será nunca el modelo más exclusivo pero sí el precursor de los vehículos 2+2 en la marca del Cavallino Rampante.

Así pues, tras un pequeño repaso de lo que ha significado esta versión en la historia Ferrari te contamos qué ha sido de una de esas unidades del millar que se fabricaron. Antes de continuar leyendo, si eres uno de esos puristas de la firma italiana, mejor piensate dos veces si prefieres continuar leyendo ya que las imágenes que aparecen a continuación podrían dolerte mucho y dañar tu sensibilidad. Y es que a la hora de realizar una restauración de una pieza de museo como ésta, lo primero que hay que respetar debería ser los componentes originales pero claro, ¿y si no se tienen? Se recurrirá a los que hayan disponibles. En este sentido, ¿han respetado el tradicionalismo en este automóvil clásico?

Restauración de un Ferrari 250 GTE

Ferrari 250 GTE

A decir verdad, el actual dueño de este histórico vehículo lo adquirió por solo 1.200 dólares. Obviamente, te puedes imaginar que por ese precio tan solo pudo hacerse con algunos elementos del coche. Concretamente le dio para comprar la carrocería con el parabrisas incorporado y las insignias de la marca originales. Todo lo demás había desaparecido por lo que comenzaba así una etapa de restauración con piezas sacadas de otros modelos totalmente diferentes.

Quizás lo que más llama la atención es el motor. El carburador sobresale del capó donde alberga un motor V8 Chevy DZ302 unido a una caja de cambios de seis velocidades que viene heredada del mismísimo Dodge Viper. Con ello, la brutalidad viene ahora de serie, a diferencia del modelo original, el cual no fue hecho para desprender toda la torsión desde el momento inicial.

Tanto el interior como el exterior, proviene de diferentes automóviles y algunas otras piezas se han hecho exclusivamente para esta unidad. Uno de los puntos que llama la atención es el color de la chapa. Si como purista te has llevado las manos a la cabeza con la implantación de ese motor nada acorde con las aspiraciones del segmento al que pertenece, espérate a descubrir de donde proviene el color de la pintura. Vale que al dueño no se le ha ocurrido ninguna de estas locuras pero en cambio, decidió usar una que produjo Mitsubishi bajo una edición especial. Claro error, ¿no hubiese sido mejor hacer uso de una que se asemejase al que siempre ha caracterizado al 250 GTO?

Los cambios también llegaron a las llantas. En vez de usar unas con radios o unas de diseño clásico, se han empleado unas que bien podrían haber pertenecido a uno de los muscle cars que reinaban las calles de los años sesenta y setenta por las calles de Nueva York. Además, en referencia a los faros traseros, el propietario no ha conseguido dar con unos que tuviesen un parecido casi exacto por lo que la vista trasera es un tanto mejorable.

El resultado final ha sido una especie de automóvil con aires de muscle car. El gusto se basa en la percepción de cada persona por lo que no seré yo quien juzgue si esta restauración es la adecuada. Lo que sí que es cierto es que no habrán muchos más 250 GTE restaurados bajo esta estética y con el empleo de un motor de origen americano.

Archivado en Históricos, Motores americanos, Restauraciones
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