Al volante del Ford Mustang GT Cabrio

Al volante del Ford Mustang GT Cabrio

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Ford Mustang GT Cabrio

Ha tardado casi 50 años en llegar, pero ya le tenemos aquí. Desde 1964 es la primera vez que el Ford Mustang se comercializa oficialmente en Europa. Se puso a la venta en 2015, así que lleva cosa de un año entre nosotros, aunque esto no hace que pierda el interes, para nada.

El Mustang es un mito, un coche de culto que por fin ha cruzado el charco y no lo hizo de cualquier manera. Si hacemos un poco de memoria, Ford desarrolló el coche desde cero, en sus dos carrocerías, implementando un sofisticado eje trasero multibrazo totalmente ‘dedicado’ a las carreteras que tenemos por Europa. Lo que no hizo tanta gracia fue la incorporación de un motor de cuatro cilindros turbo y 2,3 litros, que por muchos 310 CV que tenga, no es un motor que vaya acorde con el espíritu rebelde de todo Mustang o eso al menos dicen los puristas y fieles al modelo.

Pero todo esto son cosas que ya se han dicho mil veces en todos los sitios habidos y por haber, no quiero caer en repeticiones innecesarias que realmente, no interesan ahora mismo, lo que interesa es la prueba, saber como va el Mustang y si de verdad ofrece lo que promete. Pero en realidad, ¿que promete el Ford Mustang? Eso es lo primero que deberíamos tener claro, pues un Mustang no es un deportivo al uso, es más un Gran Turismo y además, uno grande. No busca competir con los avanzados y eficaces coupes europeos, el no, juega otra liga totalmente distinta.

Lo único malo que sólo he podido estar con él durante unas horas, así que no he podido realizar una prueba en profundidad, solamente un pequeño contacto que no obstante, me ha dejado un muy buen sabor de boca ya que me esperaba un coche algo más tosco, más americano y no tan europeo en según qué apartados.

Diseño exterior, interior y acabados

Prueba Ford Mustang GT Cabrio

Ya me lo dijeron una vez, realizar una análisis a un icono no es fácil y que razón tenía. Cuando te encuentras delante del Mustang todo impone respeto. Por una parte su tamaño, es un coche grandote y su mirada no es muy amable. Por otra parte estas delante de un Mustang, un icono americano que has podido ver en películas, series y videojuegos, pero este es real y además, tiene bajo ese espectacular morro un V8 de 5 litros.

No importa por qué ángulo lo mires, es grande y es un Mustang, lo reconoces a kilómetros de distancia. Hay quien dice que como el clásico no hay nada, yo digo que este me parece una re-interpretación sublime, las fotos no le hacen justicia y su aspecto es muchisimo mejor que las anteriores generaciones (y ya no digamos de los Mustang de los 80 y 90). Quizá esas llantas que montaba la unidad que me dejaron en GP Aunosa no parezcan gran cosa en las fotos, pero en vivo mejoran mucho y no desmerecen.

Una vez dentro, sentado en el asiento del conductor, nuevamente te ves rodeado por cosas que te recuerdan que estás en un Mustang: el caballo en el volante y que además también sale en la pantalla central cuando arrancas el coche, la placa que reza ‘Since 1964’ frente al copiloto, los indicadores, la palabra Mustang bien grande en los marcos de las puertas… sólo hay un lugar donde encontré el logotipo de Ford y es en el parabrisas, a la altura del espejo interior. Además, todo tiene un aire americano palpable, como las formas del salpicadero, el tamaño del volante o los materiales empleados que si bien son bastante correctos, se quedan a la altura de un Ford Focus por poner un ejemplo. Está bien rematado, pero hay mucho plástico duro, muy del gusto yankee.

Las plazas delanteras son cómodas y espacio hay aunque no sobra, contrasta mucho con el tamaño exterior. Molesta un poco el parabrisas al entrar y salir pero nada a lo que no se acostumbre uno rápidamente. Las plazas traseras son otra historia; pequeñas, estrechas y su acceso tirando a malo. El asiento delantero se mueve poco y el tirador para abatir está mal colocado, en el centro del respaldo y además fabricado con un plástico muy pobre, cutre. Si mueves el asiento hacia delante (accionamiento eléctrico) mejora un poco el acceso pero es un incordio estar moviéndolo y volviéndolo a dejar en la posición en la que estaba y por si fuera poco, golpea con el parasol si el copiloto es de los que gustan de ir con el asiento un poco levantado.

Motor, comportamiento y sensaciones.

Ford Mustang

De todas formas son cosas que pasan a un segundo plano cuando aprietas el botón de arranque y el bramido del V8 hace acto de presencia, si lo arrancas en un garaje ten por seguro que la gente te mirara al instante. Bueno, de hecho, la gente te mirara siempre; la gente se paraba al ver llegar el coche, sacaban el teléfono para hacer fotos, cuchicheaban y en definitiva, serás el centro de atención porque quieras o no, el Mustang es un coche llamativo, más aún con el motor V8 que suena bastante, aunque si debo decir que me esperaba algo más, es muy comedido si no le subes de vueltas.

El tacto general del coche es bueno, me gustó mucho la caja de cambios, una Getrag de seis relaciones de nuevo diseño según asegura Ford. Tiene un tacto duro y unos recorridos cortos, aunque el embrague, que estaba bastante más blando de lo esperado, resulta un poco brusco al final de su recorrido y provoca que durante los primeros metros vayas dando tirones.

Correr corre, y mucho, son 421 CV y 530 Nm de par, pero no es un deportivo como ya he comentado. Este coche se disfruta aprovechando la cilindrada y el par en marchas largas, circulando por curvas amplias y escuchando como suena el V8. Admite cierta conducción deportiva como la entendemos en Europa, agarra bastante (los neumáticos traseros con de 275 mm) y el chasis parece aguantar perfectamente, si bien es cierto que no fui mucho más allá pues el coche tiene muchas inercias (pesa más de 1700 kg) y es muy ancho, daba la sensación de que no entraba por la carretera donde le busque las cosquillas un poco (donde saqué las fotos).

De frenos va sobrado, con unos Brembo de generoso tamaño y el tacto del pedal permite dosificar a la perfección, la verdad es que quedé gratamente sorprendido por el tacto. La dirección ni muy asistida ni poco, aunque se puede ajustar con tres programas de los cuales, acabé por dejar siempre el Sport.

Conclusión

Reconozco que me quedé con ganas de más, se hizo muy corto y me hubiera gustado poder probarlo a fondo. En general, el coche me gusta, se nota que Ford ha cuidado mucho su desarrollo y su puesta a punto para Europa. Tiene sus pegas, como que el consumo no baja de los 15 litros ni realizando una conducción tranquila o que es imposible pasar desapercibido, pero son nimiedades para alguien que está pensando en comprarse un Ford Mustang. Que sea descapotable le da ese plus de sensaciones al conducir que engancha y si pudiera hacerme con uno, no tengo ninguna duda sobre cual sería: un Ford Mustang GT Cabrio.

Por cierto, el precio del Mustang Cabrio con el motor EcoBoost parte de los 43.500 euros, mientras que el GT con el V8 parte de los 50.500 euros.

Agradecimientos a mis amigos de GP Aunosa por contar conmigo siempre para estas cosas
Archivado en Descapotables, Ford Mustang, Pruebas
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