Si solo conduces un diésel por ciudad, la avería te puede costar entre 2000 y 3000 euros

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Filtro activo de partículas DPF

Los motores diésel siempre han tenido fama de sucios y ruidosos. Pero esto es algo que empieza a cambiar gracias a las innovaciones técnicas y a las normativas medioambientales. En el artículo de hoy me centraré en las emisiones. Y cuando lo leas, conocerás por qué ese coche que te has comprado solo para callejear puede terminar costándote un ojo de la cara. Sí; ese modelo con motor diésel que el “experto” de tu cuñado te recomendó porque consumía muy poco combustible y lo ponían muy bien en las revistas.

La contaminación de un diésel

Humo negro del diésel

Cuando las pinturas de color blanco no estaban tan de moda como ahora, era bastante habitual que ciertos vehículos –en particular los de uso industrial– pareciesen grises, sobre todo en la zona de la carrocería próxima al tubo de escape. Eso se debía a que la parte trasera del camión o la furgoneta se cubría de la carbonilla generada por la combustión del motor.

Para evitarlo, la primera solución por la que se optó fue poner el tubo de escape apuntando al suelo. De ese modo, el hollín no se pegaba al parachoques, si no que caía sobre el asfalto, terminando por formar parte del aire que todos respiramos.

Cuando se comprobó que esas partículas afectan a la salud, la administración –la misma que recomienda no fumar, pero que permite la venta de tabaco– comenzó a promulgar normas que limitaban la emisión de dichas partículas. Normas como la Euro V o la Euro VI. Y los fabricantes de coches, en cumplimiento de esas disposiciones, crearon los filtros de partículas.

Los filtros activos de partículas

Los filtros activos de partículas (FAP o DPF) son dispositivos que se sitúan en el tubo de escape, cuya misión es la de acumular las partículas que provienen del motor. Cuando el filtro se ha saturado, el sistema se encarga de incinerar toda la carbonilla para que esta desaparezca. La regeneración activa se produce al calentar los gases de escape hasta temperaturas elevadísimas. Pero para alcanzar esas temperaturas es necesario circular durante un tiempo determinado (generalmente media hora) a más de 2.500 revoluciones por minuto.

Para los que conducen mucho por ciudad, en trayectos cortos en los que no da tiempo a alcanzar el régimen de revoluciones indicado, el motor prevé la regeneración cada 1.000 o 1.200 kilómetros, inyectando más combustible del habitual. La consecuencia es evidente: el coche gastará más (un 10% o un 15%). El proceso se suele prolongar por espacio de unos veinte minutos, sin que pueda apagarse el motor hasta que esté completamente finalizado. Y aquí es donde surgen los problemas. Si se interrumpe el proceso de regeneración en varias ocasiones, el filtro se termina saturando, con lo que no quedará más remedio que acudir al taller para que allí realicen la regeneración o la sustitución del filtro si se ha averiado. En este último caso, la factura no bajará de los 1.200 euros.

La factura puede ser más alta

Motor 3.0 TDI V6 Clean Diesel de Audi

La factura aún puede aumentar mucho más si hemos adquirido un modelo cuyo motor incorpore el filtro de partículas adosado al catalizador NOx (que transforma el NOx proveniente del motor en NO2, con lo que se alcanza una mayor temperatura de incineración de los residuos, y de paso se cumple con la norma Euro VI). La idea es provocar la incineración del hollín sin necesidad de consumo adicional de carburante.

Todo sería perfecto siempre que se utilice el coche adecuadamente. Por lo tanto, si conduces mucho por ciudad, de vez en cuando debes salir a la carretera para mantener durante un rato el coche a más de 2.500 revoluciones. Una vez que el filtro se ha regenerado, puedes volver a la ciudad. Si no lo haces así, te cargarás el filtro. Y como el filtro forma parte del catalizador de NOx, el taller tendrá que sustituir ambos elementos. Así que la factura se te puede disparar hasta los 3.000 euros fácilmente. Una verdadera gracia.

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Uno de los propulsores que están construidos de este modo es el 3.0 TDI V6 Clean Diesel que Audi presentó la semana pasada. Con dos posibles potencias de 218 y 272 cv, este motor de disposición longitudinal puede terminar convirtiéndose en un engorro si el uso al que se va a destinar mayoritariamente es en tramos urbanos. Así que si te encuentras en esta situación, más vale que cada poco tiempo te acostumbres a salir a carretera para regenerar el DPF. De lo contrario, el filtro de partículas terminará por amargarte la existencia.

Archivado en Averías, Diésel, Filtro de partículas
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