La influencia de la suerte a la hora de conducir

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Árbol casi destroza un coche

Cada vez que cojo el coche no puedo evitar pensar que por mucha prudencia que tenga en la carretera y por muy atento que esté a la circulación, jamás podré evitar cruzarme con algún conductor, peatón, animal, avería, u otro elemento que se cruce en mi camino provocando que tenga un accidente. Es lo que vendría a ser mala suerte; estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.

Hace mucho tiempo que reflexioné a nivel particular sobre este tema, y hoy me gustaría compartir con vosotros las conclusiones de tal interesante asunto. Todo comienza con una historia imaginaria:

“Dos amigos, Sebastián y David, pasan la tarde juntos en el bar. Hacía siglos que estos dos grandes amigos de la infancia no se veían desde que Sebastián se casó y se fue a vivir a otra ciudad.

Tenían mucho que contarse mutuamente; el intercambio de historias, anécdotas y algún que otro recuerdo transcurría alegremente entre pintas de jugosa y fresca cerveza. El tiempo pasa volando y es hora de cerrar el bar, por lo que ambos amigos se dirigen tambaleándose hacía sus respectivos coches para ir a casa.

Brindando con cerveza

Sebastián llega a casa sin problemas, se desploma en la cama, le da un beso a su mujer, duerme plácidamente y se levanta al día siguiente con una ligera resaca, pero con el bonito recuerdo imborrable de la agradable tarde de ayer. David, por su parte, regresaba a su casa relajadamente hasta que, de pronto, se le cruza en el camino un joven que atraviesa la calle frente a él. David no puede evitar atropellarlo y el joven muere al instante. A David lo meten en la celda de una comisaría y al día siguiente se levanta con una ligera resaca y la certeza de que va a pasar una larga temporada a la sombra”.

Se plantea ahora la duda de cómo debemos interpretar el comportamiento de Sebastián y David. Naturalmente, la ley establece que el comportamiento de David es mucho más condenable, ya que ha muerto un chico. En cambio, si a Sebastián le hubieran pillado en un control de alcoholemia, como mucho le hubiera caído unos meses en prisión y retirada del permiso, mientras que a David le caerá, con casi toda seguridad, una sentencia de prisión bastante larga.

Los dos conductores actuaron de forma irresponsable, y uno de ellos tuvo, simplemente, mala suerte. De modo que la suerte es el único factor que parece explicar que el comportamiento de David es malo.

Automóvil de la buena suerte

Si te soy sincero, me da bastante miedo que la moralidad de un condenable acto como es el beber antes de conducir esté supeditado a la suerte. Está claro que la prevención es la mejor arma para evitar que ocurran las desgracias, pero mientras no lleguemos a concienciarnos profundamente de que si dejamos de hacer ciertas actitudes al volante como conducir borrachos, drogados, no respetar las señalizaciones, el exceso de velocidad, etc, pueden provocar desgracias, nunca llegaremos a erradicar esta plaga que es el fallecimiento de gente en las carreteras.

Está claro que no podemos controlar la suerte, pero si podemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para que su influencia sobre nuestro destino y el de la gente que nos rodea sea mayor o menor. Porque seguro que si sueles conducir sobrepasando el límite establecido, no dudas en coger el coche bebido, o no respetas las señales, tendrás más papeletas de acabar entre rejas que alguien que respetas las normas. Para que después, mientras lloras desconsolado por lo que acabas de hacer, digas a los demás que tuviste mala suerte.

Archivado en Curiosidades, Educación vial
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