Renault Étoile Filante, Estrella Fugaz

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Renault con turbina de gas

Renault está últimamente en boca de todos desde que anunció el regreso de Alpine con un nuevo modelo en colaboración con Caterham, a lo que tenemos que sumar las idas y venidas entre ambas marcas, su rendimiento en Fórmula 1 motorizando a Red Bull y el último “juguete” que han presentado, el Renault Sport SR01, que mi compañero Diego os enseñó aquí en Freno Motor. Pero la firma francesa tiene una historia en competición y en cuanto a modelos deportivos muy amplia y variada. Si es verdad que muchas de esas historias van acompañadas del nombre Alpine, pero hay otras que no y ésta que os traigo, es una de ellas.

Antes de seguir, os voy a hacer una pregunta, ¿alguno conocía la historia de Renault en los récord de velocidad? Y no me refiero a los recientes récord de vuelta en Nürburgring, sino a los récord de velocidad sobre tierra, de los que únicamente interesa la velocidad punta. Yo personalmente, no tenía ni idea y la verdad, me gusta conocer cosas nuevas sobre la historia del automóvil.

Renault flirteó con los récord de velocidad en la década de los 50, pero no lo hizo sola, ni tampoco de una manera convencional. Contó con la ayuda de Turboméca y probó suerte con una turbina de gas en lugar de un motor de combustión interna habitual.

Turboméca es una empresa francesa fundada en 1938 cuyas primeras actividades se centraban en suministrar compresores centrífugos para motores de aviación, como por ejemplo Hispano-Suiza, para posteriormente centrarse en las turbinas de gas. En 1948 presentaron una turbina de gas desarrollada gracias a la incorporación de ingenieros procedentes de Daimler-Benz y con el tiempo, se les ocurrió contactar con Renault para construir un coche propulsado por una turbina de gas y así demostrar las capacidades de esos motores e intentar batir un récord de velocidad.

Renault cazarécords con turbina de gas

El director de Renault por aquellos años era Pierre Lefauchex, y decidió que se encargaran del proyecto tres personas, todas ellas con sobrada experiencia: Fernand Picard, Albert Lory y Jean Herbert. Estas tres personas invirtieron dos años en crear, alrededor de una turbina de gas suministrada por Turboméca y que rendía 270 cv a 28.000 rpm, un coche que logró alcanzar en el Lago Salo de Bonneville los 308,85 km/h, el Renault Étoile Filante. Récord que aún hoy mantiene.

Se creó un chasis tubular al que se le añadió una carrocería de poliester, para la cual se emplearon varias sesiones en el túnel de viento para lograr una aerodinámica acorde, que además es culpable de las aletas traseras verticales como los aviones y del carenado de las ruedas.

El éxito de la prueba le sirvió a Renault como una buena manera de promocionar los modelos que estaba llevando al otro lado del charco, como el Dauphine, aunque ya en los años 60 abandonaron la tecnología de turbina de gas y no volvieron a construir un coche para cazarécords.

No fue hasta los año 90 cuando en Renault tomaron la decisión de restaurar el Ètoile Filante en la planta de Billancourt, París y tras 40 años, el coche volvió a rodar para terminar en la colección histórica de la marca.

Por cierto, Étoile Filante significa “Estrella Fugaz” en francés.

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